Mateo caminaba de un lado al otro en el sótano de la biblioteca. El ambiente estaba cargado, pesado. Doña Rosa estaba sentada en una silla vieja, con un libro grueso sobre las piernas, mientras mezclaba unas hierbas en un mortero con movimientos lentos y precisos.
Johanna estaba arriba con la pequeña Valeria, pero Mateo sabía que no podía protegerlas para siempre. No de esta forma.
—Explícamelo otra vez —dijo Mateo, deteniéndose frente a la anciana—. ¿Qué es exactamente lo que vamos a hacer?
Do