Valeria abrió los ojos y ya no estaba en el motel destruido.
Estaba en una habitación que no conocía: paredes de piedra negra, velas flotando en el aire, una cama enorme con sábanas de seda oscura. Fuera de la ventana solo se veía noche eterna.
Kael la tenía abrazada contra su pecho, como si fuera algo precioso que acababa de cobrar.
—Ya está hecho —susurró él contra su cabello—. Tres veces. Mi nombre completo. Ya no hay vuelta atrás.
Valeria intentó apartarse, pero su cuerpo no le obedecía. Se