Valeria se levantó sin hacer ruido y caminó hasta el baño. Cerró la puerta y se apoyó contra ella, temblando.
Kael estaba allí, dentro del espejo, mirándola con esa calma peligrosa.
—Solo tienes hasta el amanecer —dijo él—. Di mi nombre completo y Mateo vive. Guárdalo una vez más… y él muere antes de que salga el sol.
Ella sintió que le faltaba el aire.
—No puedes hacerle daño —susurró—. Él no tiene nada que ver en esto.
Kael inclinó la cabeza, casi con ternura.
—Todo lo que te importa ahora me