La biblioteca estaba envuelta en una oscuridad absoluta cuando Lucía abrió los ojos.
El reloj marcaba las 3:17 de la madrugada. El mismo horario en que todo había comenzado décadas atrás. La marca negra le cubría ya casi todo el cuerpo, dejando solo pequeños espacios de piel normal alrededor de su ojo derecho y parte de su mano derecha. Cada respiración era un esfuerzo. Cada latido, un recordatorio de que Victoria estaba ganando terreno.
Se incorporó lentamente en el suelo del Rincón de los Tre