Mateo no podía dormir.
Aunque el ritual en el plano astral había sido un éxito y la semilla principal de Kael había sido destruida, una sensación incómoda seguía instalada en su pecho. No era miedo exactamente. Era una inquietud profunda, como si algo hubiera quedado incompleto.
Se levantó sin hacer ruido y salió al patio trasero. La noche era fría. Se sentó en la mecedora y miró hacia el bosque oscuro que rodeaba la casa.
De pronto, lo sintió de nuevo.
No era Kael completo. No era la oscuri