Seis meses después del regreso de Lucía, la biblioteca había encontrado un nuevo ritmo.
Johanna, a sus 80 años, había vuelto a tomar las riendas con una energía sorprendente. Aunque ya no podía estar todo el día de pie, dirigía el lugar con sabiduría y calma. Lucía, por su parte, trabajaba solo por las mañanas y dedicaba las tardes a sus estudios de Psicología en la universidad más cercana.
Esa mañana de primavera, Lucía llegó temprano como siempre. Pero en lugar de abrir las puertas al público