Tres noches después, la biblioteca se encontraba completamente a oscuras. Solo el sótano permanecía iluminado por docenas de velas negras y blancas dispuestas en un círculo perfecto. El aire estaba cargado de un olor intenso a incienso, sangre y miedo.
Mateo estaba de pie en el centro del círculo, sin camisa, con el torso marcado por símbolos antiguos dibujados con ceniza y sangre. Su mano izquierda aún sangraba lentamente sobre la placa de mármol donde Valeria había dado su vida años atrás.
Jo