Eliana pasó horas frente a la pantalla, programando con meticulosidad su siguiente movimiento. Si el hacker quería robar su información, ella misma le daría algo para que se entretuviera.
Andrea la observaba con los brazos cruzados, mordiéndose el labio inferior.
—¿De verdad crees que caerá en esto?
Eliana no apartó la vista de la pantalla mientras sus dedos se movían con rapidez sobre el teclado.
—Sí. Si algo he aprendido de este hacker es que se mueve con confianza, cree que tiene el control.