El silencio entre ambos se hizo denso, casi insoportable. Las cucharas reposaban sobre los platos, el restaurante estaba medio vacío y el murmullo de las conversaciones ajenas se perdía entre los latidos acelerados del corazón de Eliana. Sabía que lo que iba a decir cambiaría muchas cosas. Pero también sabía que debía hacerlo. Ya no podía cargar con aquella verdad tan dolorosa, tan cruel. Respiró hondo, sus ojos se humedecieron apenas antes de hablar.
—Necesito contarte algo —dijo con la voz ca