Las horas no habían pasado en vano. El ambiente en la sala subterránea donde mantenían al sospechoso encerrado comenzaba a oler a encierro, a desesperación, a tiempo podrido. No era la primera vez que José Manuel se encontraba en un lugar así, pero jamás había sentido tanta impotencia ante el mutismo de un hombre que, sin abrir la boca, estaba retando su autoridad.
Aquel lugar no era su oficina, ni el sitio elegante desde donde tomaba decisiones empresariales con whisky en mano y trajes de dise