Eliana caminaba por el pasillo del hospital con el corazón en un puño. La escena era demasiado parecida a aquella que aún marcaba sus pesadillas: luces blancas, paredes frías, pasos apresurados… y la incertidumbre instalada como sombra en el pecho. José Manuel iba a su lado, con el rostro tenso, el silencio pegado a la garganta y los puños cerrados.
Los había llamado la doctora principal de pediatría para una reunión urgente tras los últimos exámenes de Samuel.
Entraron a una pequeña sala de re