La ciudad despertaba entre edificios grises y luces parpadeantes. Desde el ventanal de su oficina, Eliana contempló ese paisaje que tantas veces había visto con los ojos entumecidos por la rutina. Pero hoy, algo era diferente. No en la vista. En ella.
El reloj marcaba las 7:54 a.m. cuando Andrea llegó, como siempre, con una taza de café caliente en mano y su carpeta de informes lista. Sonrió al verla ya instalada tras el escritorio, tan impecable como de costumbre: vestido beige entallado, el c