Samuel, ajeno a la tensión entre ellos, los tomó de las manos a ambos.
—Vamos, no quiero que nos perdamos las actividades.
Eliana intentó soltarse, pero Samuel la miró con ojos brillantes.
—Por favor, Eli.
Ella suspiró y cedió. No podía negarle nada.
Aun así, mientras Samuel los guiaba entre la multitud, su mente solo repetía una cosa:
"¿Cómo terminé aquí, otra vez, a su lado?"
Al cabo de un rato, una maestra se acercó con una gran sonrisa.
—¡Familia de Samuel! Qué gusto verlos juntos. Vamos, t