María José, aún con el sobre escondido en su bolso, fingía calma, pero sus ojos seguían a Eliana como si quisiera memorizarla en cada detalle.
Gabriel, como siempre, fue el primero en hablar mientras comía las galletas de avena y chocolate.
—¿Hoy vamos al jardín bonito?
—Hoy sí, campeón —le sonrió María José—. Vamos a buscar el mejor para ti.
Eliana le guiñó un ojo al pequeño y le revolvió el cabello.
—Uno con columpios altísimos, una cocina de juguete gigante y maestras con voz de canciones —p