La casa se sumía en un silencio tranquilo cuando José Manuel abrió la puerta. Era tarde, pero el cielo aún dejaba escapar pequeñas ráfagas de brisa cálida que entraban por las ventanas entreabiertas. Eliana entró detrás de él con Samuel dormido sobre su hombro, su respiración pausada acariciándole el cuello.
Subieron las escaleras en silencio. José Manuel no dejaba de mirar a su hijo, recordando su súplica por quedarse en casa de Isaac, la forma en que se había aferrado a ambos… y ese deseo que