Eliana miró a su alrededor. La casa se llenaba poco a poco de colores, risas y vida. Y aunque su corazón seguía herido, ver a Gabriel tan feliz, ver la mesa decorada, las flores en los jarrones y el letrero de “Bienvenida a casa” colgado sobre la chimenea… le dio una punzada de esperanza.
José Manuel se acercó con una bandeja de limonada y la dejó sobre la mesa. Le rozó la mano al hacerlo, sin querer. O quizás sí. Eliana no dijo nada, solo se apartó sutilmente y volvió su atención a los niños.