Un mes. Treinta días. Setecientas veinte horas desde aquella tarde en que la vida de María José pendió de un hilo.
El hospital se había convertido en su segundo hogar, uno con paredes blancas, ventanas cerradas y luces frías que no conocían de emociones. Pero poco a poco, su cuerpo comenzó a responder, su espíritu a fortalecerse, y su corazón… ese aún dolía, pero ya no sangraba.
Isaac había estado allí, cada día, cada noche. Incluso cuando ella dormía, él la acompañaba en silencio, leyendo, tra