María José recorrió con la mirada cada rincón del apartamento. Aunque era amplio y acogedor, con muebles elegantes y una vista privilegiada de la ciudad, no podía evitar sentirse fuera de lugar. No era su hogar. No lo había construido con Isaac. Y, lo peor de todo, sentía que nunca lo haría.
Suspiró pesadamente mientras pasaba la yema de sus dedos por la superficie de la mesa de centro. Todo estaba impecable, como si nadie hubiera vivido allí en mucho tiempo.
Desde que habían llegado, Isaac ape