La noche se sentía más oscura de lo habitual en la casa de José Manuel. Un silencio inquietante llenaba los pasillos, roto únicamente por el sonido entrecortado de la respiración de Samuel en su habitación.
Acurrucado en su cama, el niño abrazaba con fuerza su almohada, como si eso pudiera aliviar el torbellino de emociones que lo consumía. Su mente no dejaba de repetir las crueles palabras de Samantha: "Probablemente no sobreviva."
—No es verdad… —susurró una y otra vez, como si decirlo en voz