Eliana se acomodó en su cama, sujetando el teléfono con ambas manos mientras miraba el techo. Desde que Isaac se había ido a Nueva York, había sentido su ausencia más de lo que estaba dispuesta a admitir. Pero ahora que por fin lo tenía al teléfono, no iba a desaprovechar la oportunidad.
—Isaac… —su voz sonó suave, pero decidida—. ¿Cómo va todo en Nueva York?
Hubo un breve silencio al otro lado de la línea. Isaac dejó escapar un suspiro antes de responder.
—Bien… supongo. Ha sido una semana ext