Los días siguientes estuvieron llenos de cambios. Isaac comenzó a involucrarse más en la vida de María José y Gabriel. Se encargaba de llevar al niño a la escuela, de organizar las citas médicas y de asegurarse de que María José no descuidara su salud. No era una tarea sencilla, especialmente porque ella se resistía a aceptar ayuda, pero Isaac no se rendía.
Una tarde, mientras María José descansaba en el sofá después de una consulta médica, Isaac la observó en silencio. Su piel estaba más pálid