Los días en Nueva York habían pasado rápido, y en ese tiempo, Isaac había logrado conectar con Gabriel de una forma que nunca imaginó. El niño, que al principio se mostraba algo reservado, ahora lo esperaba cada mañana para desayunar juntos, le pedía ayuda con sus tareas y hasta lo llamaba "papá" sin miedo ni dudas.
Isaac nunca había sentido algo así. Cada vez que veía a Gabriel sonreírle con esa mezcla de inocencia y alegría, algo dentro de él se removía. Un sentimiento cálido y profundo que i