José Manuel estaba en su estudio, sumido en sus pensamientos, cuando escuchó pasos acercándose. Levantó la vista y vio a Samantha de pie en el umbral de la puerta, con el rostro pálido y los ojos enrojecidos, como si hubiera estado llorando.
—José Manuel… —susurró con voz temblorosa—. Necesitamos hablar.
Él la miró con frialdad.
—¿Ahora te preocupa hablar?
—¡Por favor! —rogó ella, avanzando hacia él con las manos entrelazadas—. ¡Déjame explicarte!
José Manuel dejó el documento que tenía en las