Cap 5: Su peor pesadilla.

.El aire se rehusaba a entrar en mis pulmones, pero los pensamientos pasaban por mi cabeza como un remolino. Él era Cristian Castaño; hacía demasiado tiempo que no sabía de él y la verdad creo que él nunca supo que en realidad me importaba saber mucho de él. Igualmente no podía saberlo, porque yo era capitana del equipo de porristas y él era un chico que se pasaba el día con la nariz metida en los libros.

—Celeste, ¿todo bien? —Cristian sonrió antes de que esos hoyuelos desaparecieran detrás de un tono neutro que escondía una oscuridad que hizo que incluso el sol se ocultara entre las nubes—. Ese era yo, fue una época difícil.

—¿Por qué? —recordaba muy bien qué había sido su vida en ese momento: hijo de un rico empresario, chico ganador de la feria de ciencias.

—Había una chica... —suspiró.

—Oh, el amor en la adolescencia —tal vez estaba equivocada, tal vez él sí me veía y...

Mis esperanzas fueron derribadas en un segundo y entonces me pregunté: ¿cómo había podido estar tan equivocada?

—No, ella es la más despreciable de todas, Selene Roberts, una auténtica pesadilla de la que me gustaría olvidarme —sus ojos prendieron fuego—. Es irónico cómo tienen el mismo apellido, ¿sabes? —me miró con dulzura; era curioso cómo podía tener tantos sentimientos al mismo tiempo—. ¿Estás bien?

—Sí, yo... recordé que tengo una cita con una amiga —sonreí, calmé mi respiración.

—¿Y el almuerzo? —el tono decepcionado casi me hace dudar.

—Otro día, lo prometo —tomé mis bolsas y salí corriendo.

—Hasta mañana —me gritó despidiéndome con una sonrisa.

En esas cuatro paredes no había aire; mis pulmones no podían agarrar oxígeno suficiente para seguir mientras corría hasta la salida. El bosque encantado se empezó a hacer cada vez más pequeño, amenazándome con enterrarme entre sus árboles. El sol del mediodía me cegó sin previo aviso; los ojos me ardieron, tal vez por la luz excesiva, tal vez por ese dolor que me oprimía el pecho.

Mi garganta estaba demasiado seca; ya mis ojos habían dejado escapar la poca hidratación que tenía mi cuerpo. La calle estaba desierta; nadie deseaba agarrar todo el sol del mediodía. Una pequeña cafetería justo a dos cuadras de la editorial parecía un paraíso cuando miré las bebidas naturales que preparaban en ese ambiente con aire acondicionado. No pude evitar pensar que me merecía un descanso. Aunque el descanso no duró tanto como esperaba.

—Buenos días, ¿en qué le puedo ayudar? —una voz conocida me alcanzó desde la caja registradora.

—¿Cristina? —me sorprendí, he de admitirlo; ella me había dicho que tenía su propia empresa y parecía solo una mera empleada.

—¡Oh! Selene —miedo, tristeza; todos esos sentimientos en una simple expresión.

Su rostro se puso tan blanco como el papel. Ella, que siempre tenía las mejillas rosadas, me pareció de repente como si fuera un fantasma. Sus ojeras marcadas y su pelo negro recogido la hacían verse como una más de la familia Addams.

—Yo... —ella fue la única que intentó decir algo hasta que finalmente nos quedamos en silencio por otros 3 minutos.

Ella era mi mejor amiga en la preparatoria y las dos pensamos que íbamos a tener un futuro brillante. Aunque claro que teníamos pensamientos muy diferentes sobre eso. Yo quería casarme con Tomas, y él sería el gerente de la compañía de su familia y yo simplemente tenía que estar a su lado. Ella, por otro lado, sería la gerente de su propia compañía.

Ironía del destino que yo ya no estaba con Tomas y ella tampoco tenía su propia compañía. No hicieron falta palabras; yo le pedí dos jugos y, cuando tuvo un tiempo libre, se sentó conmigo para compartirlos.

—Después de la universidad, empecé mi propio negocio, pero solo terminé en bancarrota —suspiró, como una niña que estaba demasiado asustada mientras le contaba a sus padres que se había peleado en el colegio.

Las dos estábamos en una situación en la que nunca hubiéramos esperado encontrarnos. Nuestros sueños de la preparatoria se habían hecho pedazos y ya no importaba que hubiéramos sido la capitana de las porristas y la presidenta del consejo escolar.

Y aun así fue precisamente esa situación la que me hizo confiar en ella y así fue como todo lo que hasta ese momento había sido un secreto salió a la luz.

—Tomas me traicionó con su secretaria y ahora no tengo nada —mi voz se rompió, mi ego se quebró poco a poco.

Las dos nos quedamos en silencio; la cafetería se había quedado desierta, después de las 2:00 p. m. ya nadie venía a almorzar. Sentí que ni siquiera la brisa corría en ese momento. Y aun así, después de algunos segundos, nos echamos a reír y después a llorar, mientras nuestros sollozos se mezclaban con la sonrisa de haber encontrado a una amiga.

—Creo que necesitamos un trago —dijo Cristina ya con sus mejillas rosadas—, yo salgo a las 8.

—Siempre la misma chica animada —reí mientras me levantaba de la silla, como si estuviera comenzando un nuevo capítulo, aunque en realidad acababa de iniciar cuando Cristian me llamó una pesadilla.

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