El desafío quedó suspendido entre nosotros.
No era un juego ligero.
Era una batalla silenciosa de voluntades.
Y lo más inquietante…
Era que no me sentía atrapada.
Pero también observada.
Medida.
Como si León no solo estuviera interesado en mi cuerpo…
Sino en mi reacción.
Y eso, quizá, era más me hacía sentir acorralada.
Esa tarde el hotel comenzó a transformarse.
No fue algo evidente al principio. Solo pequeños detalles: personal extra en recepción, arreglos florales nuevos, seguridad discreta