Amanda revisó la hora por tercera, cuarta y quinta vez sin realmente procesarla.
Faltaban treinta minutos para que marcaran las ocho, pero para ella el tiempo parecía correr con una crueldad calculada.
Su turno había terminado hacía mucho, sin embargo seguía allí, atrapada entre el silencio del piso de Finanzas y la obligación de rehacer un informe que esos idiotas le habían borrado mientras había estado en la oficina de Ethan.
Ethan.
A las ocho iba a pasar por ella.
A las ocho pretendían verse