Te quiero a ti.
Amanda volvió a sentarse para intentar continuar con el trabajo, pero antes llamó a Amelia.
Necesitaba escuchar la voz de su madre.
Necesitaba saber que Noah estaba bien.
Desde el intento de secuestro, el niño no había vuelto a sentirse del todo seguro. Dormía inquieto, se despertaba buscando a Amanda con la mirada y, a veces, preguntaba en voz baja si “el señor malo” podía regresar. Solo de recordarlo, a Amanda se l