Amar sin remedio.
Las manos de Ethan subieron hasta la piel desnuda de su espalda, arrancándole un escalofrío que le recorrió el cuerpo entero y le trepó hasta la nuca como una corriente tibia.
Amanda cerró los ojos apenas un segundo, solo uno, porque quería sentirlo todo.
La música seguía envolviéndolos, lenta, elegante, casi irreal, y aun así lo único que de verdad registraba era a Ethan. El calor de sus manos. La forma en que la sostenía. Esa mirada que si