Ya no era esa mujer.
Ethan abrió la puerta de la habitación de su apartamento como pudo, con Amanda cargada en brazos y una sonrisa imposible de ocultar en el rostro.
Entró con más prisa que coordinación y, apenas cruzó el umbral, tropezó levemente con el marco de la puerta.
Amanda soltó una carcajada que resonó por toda la habitación.
—Cuidado, señor Van Ness —se burló entre risas, aferrándose a su cuello—. Sería terrible aceptar casarm