Qué difícil son las despedidas.
Amanda llevaba días sin apartar a Noah ni un segundo de su lado.
Desde el intento de secuestro, algo en ella había cambiado de forma definitiva.
Ya no existía esa confianza tranquila con la que antes se movía entre la casa, la empresa y los planes cotidianos. Ahora todo lo medía dos veces.
Cada puerta cerrada, cada escolta a la entrada, cada llamada que tardaba demasiado en responderse. No quería volver a sentir en