Te necesito para tantas cosas.
Dos horas después de la reunión, Amanda seguía sintiendo que caminaba dentro de un sueño ajeno.
Le habían asignado una oficina tan amplia que, sinceramente, creía que era más grande que el departamento que compartía con Rebeca. Y no estaba exagerando.
Tenía un juego de sofás color crema en una esquina, tan mullidos que podía imaginarse perfectamente tomando una siesta ahí después de una jornada larga.
Frente a los ventanales había un escritorio de