Te escucho.
Emma lo miró a los ojos y Ethan no se escondió.
Le sostuvo la mirada con esa calma que siempre había usado como arma, como si el mundo se pudiera ordenar solo con apretar la mandíbula y fingir que nada lo toca.
Sin embargo, a Amanda le dolió igual.
Le dolió más, incluso, porque habían pasado años y él seguía aferrado a esa versión en la que ella era la villana por elección.
Era absurdo cómo