Siempre escapas de mí.
Amanda despertó más temprano de lo que habría deseado. Lo supo por el reloj minimalista sobre la mesa de noche, marcando una hora que ninguna persona normal tenía por qué estar despierta. Se removió lentamente entre las sábanas blancas, disfrutando unos segundos más de aquella cama tan cómoda que casi podía convencerla de quedarse a vivir ahí.
“Prohibido acostumbrarte, Amanda. Pro-hi-bi-do.”
Rodó sobre sí misma, suspiró… y se obligó a levantarse.
Pero la realidad la golpeó con la misma fuerza q