Quédate.
El corazón se le fue a los pies a Amanda al verlo ahí.
En su sala, como si estuviera exactamente donde debía estar… y aun así, donde ella menos lo esperaba.
Cerró la puerta con cuidado, demasiado suave para ser casual.
Ethan levantó la vista justo en ese momento, y por un segundo el mundo pareció reducirse al espacio entre ellos.
Tenía la camisa negra remangada, el cuello ligeramente abierto, y ese perfume varonil y delicioso que siempre parecía encontrarla antes que él. No sabía si la mareaba