No esperamos menos.
Me parecía una pésima idea dejar que Ethan se fuera a esa mesa.
No porque dudara de él —eso ya lo tenía claro—, sino porque Amanda había visto suficiente veneno en la vida como para reconocerlo aunque viniera servido en copas de cristal y sonrisas educadas.
Y allá, a dos mesas de distancia, el veneno estaba sentado en primera fila.
Una trifecta perfecta para arruinarle la digestión a cualquiera… y aun así, Ethan se sentaría con ellos como s