Más caliente que el sol a mediodía.
Amanda Rivas abrió los ojos apenas un segundo y volvió a cerrarlos, protestando en silencio ante el brillo de la mañana que le daba directo al rostro.
Se removió entre las sábanas, sintiendo por primera vez la suavidad absoluta de un colchón que no crujía, que no se quejaba, que no parecía prestado ni provisional.
Era real.
Esta cama era suya.
La idea le llegó con un retraso dulce, como cuando una verdad demasiado grande necesita espacio para acom