Daniel está enfermo.
Amanda ya no sabía cuánto tiempo había pasado desde que empezó la pesadilla.
El tiempo se había vuelto una cosa espesa e imposible de medir. Podían haber sido veinte minutos o dos horas, todo se sentía igual de cruel.
Los guardias recorrían el parque de diversiones de un lado a otro, hablando por radios, revisando zonas, interrogando empleados, y ella no se quedaba atrás. Iba de persona en persona con el teléfono en la mano, enseñando la foto de Noah a