Esto es una pesadilla.
La presión en el pecho de Amanda aumentó hasta dejarla casi sin aire. El corazón le golpeaba con tanta fuerza que por un instante creyó que iba a desmayarse allí mismo, en medio del parque.
Noah no estaba.
Y por más que sus ojos lo buscaran con desesperación entre la gente, por más que intentara convencerse de que aparecería en cualquier segundo con su dinosaurio de peluche en la mano y esa sonrisa traviesa que siempre la desarmaba, la rea