La felicidad tiene algo extraño.
Cuando por fin llega, una parte de mí siempre espera que desaparezca.
Quizá porque durante años aprendí a desconfiar de las cosas buenas. A creer que todo lo hermoso podía romperse de un momento a otro.
Aquella mañana desperté con esa sensación.
No era miedo.
Todavía no.
Era algo más pequeño.
Más difícil de explicar.
Abrí los ojos lentamente y encontré a Matías dormido en la cuna junto a nuestra cama. Su respiración era tranquila. Regular. Perfecta.
Durante unos