Quiroga llegó al desayuno con un plan.
No lo anunció de entrada. Se sirvió el café, se sentó en su silla de siempre y esperó a que Sofía terminara de contarle a Adrián el sueño que había tenido con un dragón volador y una princesa que sabía hacer malabares. Solo cuando la niña se fue corriendo al jardín con su cuaderno bajo el brazo, Quiroga dejó la taza sobre la mesa y nos miró.
—Vamos a dejar que se acerque —dijo.
Sebastián dejó de remover el café.
—Explícate.
—Saura sabe que sus peones han s