CAPÍTULO 87: LA CALMA ROTA

No dormí nada aquella noche.

Después de encontrar la nota, Sebastián y yo nos quedamos en el salón hasta la madrugada. Quiroga inspeccionó cada rincón de la habitación, revisó las cámaras, interrogó a los guardias. Nadie había visto nada. Nadie había entrado. Y sin embargo, el sobre estaba allí, sobre mi almohada, como si quien lo había dejado pudiera atravesar las paredes.

—Las cámaras de seguridad no muestran movimiento —dijo Quiroga, con la mandíbula tensa—. Es como si esta persona conociera
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