CAPÍTULO 88: RAÍCES

Dos días después de la nota, Sebastián me propuso algo que no esperaba.

—Vamos a la casa de tu abuela.

Estaba sentada en el salón, con un libro sobre el regazo. Levanté la vista y lo encontré apoyado contra el marco de la puerta, con las llaves del coche en la mano.

—¿Ahora?

—Ahora. Llevas dos días encerrada, con miedo. Necesitas aire. Y esa casa lleva demasiado tiempo esperándote.

—Está vacía. No hay muebles. Ni cortinas. Ni recuerdos.

—Pues vamos a llenarla.

Me tendió la mano. La tomé sin pen
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