Aparcamos a dos manzanas del edificio como Quiroga había indicado.
El equipo bajó de los coches con esa coordinación silenciosa que tenían, cada uno en su posición, cada movimiento calculado. Quiroga dio las últimas instrucciones en voz baja. Dos hombres al perímetro. Tres a la entrada lateral. Él y otros dos subían directamente al tercer piso.
Sebastián y yo escuchamos todo y entonces Quiroga dijo algo que yo no esperaba.
—Necesito que esperen aquí hasta que aseguremos el tercer piso. —Nos mir