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Tres días después de la filtración del contrato, la vida en la mansión Del Valle había recuperado una apariencia de normalidad.
Las revistas seguían publicando fotos nuestras. Las redes sociales seguían debatiendo si nuestro matrimonio era real o una farsa. Los periodistas seguían apostados junto a la verja de hierro forjado, esperando una declaración, un tropiezo, un escándalo. Pero dentro de los muros de la mansión, Sebastián y yo habíamos construido un refugio aislado del ruido del mundo