Después de todo lo que habíamos vivido, la tranquilidad seguía pareciéndome algo frágil, como una burbuja hermosa, pero capaz de romperse en cualquier momento. Aquella mañana, sin embargo, decidí no pensar en eso, me dedique a disfrutar. Matías estaba despierto desde muy temprano y había descubierto algo fascinante, sus propias manos, llevaba casi veinte minutos observándolas como si acabara de encontrarlas por primera vez.
—Definitivamente salió a ti.
Dije levantando la vista.
Sebastián acabab