Las malas noticias rara vez llegaban solas, aquella era una lección que la vida se había encargado de enseñarme demasiadas veces, por lo tanto, después de la llamada de Quiroga la noche anterior, me resultó imposible volver a dormir con tranquilidad, no solamente porque tuviera miedo. Lo que realmente me inquietaba era la sensación de que nos acercábamos a algo que todavía no podíamos ver.
Algo grande, cuidadosamente preparado y esa incertidumbre resultaba estresante que cualquier amenaza direc