Dormí muy mal, no porque hubiera ocurrido algo concreto, sino porque aquella sensación había regresado, esa que aparecía cada vez que Ramiro movía una pieza que nosotros no podíamos ver. La misma que sentí cuando sonrió antes de subir a la ambulancia y la que apareció después de la primera visita.
Algo que ahora me impedía conciliar el sueño, abrí los ojos antes del amanecer, la habitación permanecía en silencio, durante unos segundos me limité a observar el techo, intentando convencerme de que