La primera llamada llegó a las nueve de la mañana, la segunda a las nueve y cinco, la tercera a las nueve y siete. Cuando el teléfono volvió a sonar por cuarta vez, terminé suspirando y contesté.
—Si esto no es una emergencia médica, voy a colgar.
La carcajada al otro lado de la línea me hizo sonreír inmediatamente.
—Qué bueno saber que sigues siendo tan amable.
Me apoyé contra el respaldo del sofá.
—Carla.
—Por fin lo admites, pensé que ya te habías olvidado de mí.
—Han pasado tres días desde