El alta hospitalaria llegó tres días después, pero no fue una liberación. Fue un cambio de celda.
El doctor Herrera me entregó el informe con la misma calma con la que daba las malas noticias, tensión controlada, proteínas en la orina estables. El reposo absoluto era la única herramienta para mantener a raya mi salud. Pero la amenaza seguía ahí, agazapada como un animal a la espera de un descuido. Ramiro seguía moviendo sus hilos desde la sombra, intentando arruinarnos por otros frentes. La gue