Las tres de la mañana tienen una luz distinta a cualquier otra hora, no es oscuridad exactamente, sino algo entre la noche y lo que viene después, una franja de tiempo donde el cansancio y el miedo se mezclan de una forma que hace que todo amplifique la realidad y se sienta imposible de soportar al mismo tiempo.
Llevábamos cinco horas sin noticias de Matías. Quiroga y su equipo trabajaban en el comedor con tres portátiles abiertos y una cantidad de café que nadie contaba. Adrián había salido un